Veinte años después, Andy Sachs vuelve a las oficinas de Runway. Pero algo cambió. Y no son solo los tacones.
El acierto más brillante de esta secuela es algo que ningún pocos esperaban: la crisis existencial del trabajo.
Andy (Anne Hathaway) ya no es la ingenua recién egresada. Ahora es una periodista galardonada… que es despedida por mensaje de texto cuando su medio quiebra. Si alguna vez recibiste un “Gracias ” , esta escena te va a doler.
Y Miranda (Meryl Streep) ya no es la tirana intocable. La industria de medios se derrumba, los presupuestos se encogen y hasta ella tiene que volar en clase turista y escuchar a RR.HH.. Ver a la reina del hielo lidiando con Ubers y una cafetería corporativa es catártico para cualquiera que haya sobrevivido a la precarización laboral.
El tercer golpe viene de Emily (Emily Blunt, en estado de gracia), ahora ejecutiva de Dior. Ya no es la asistente que sufría a Miranda. Es quien tiene el poder.
¿La lección? El sistema no cambia. Solo rotan los roles.
La película tiene un problema de identidad: quiere criticar el lujo ostentoso mientras se luce en él. Un personaje se queja de la gentrificación y dos escenas después vive gratis en un edificio de lujo.
El romance de Andy innecesario y con cero química. El nuevo interés amoroso (Patrick Brammall) existe porque sí, y cada escena de ellos juntos da espacio para ir al baño o revisar si tu propia vida laboral tiene más sentido.
El diablo viste a la moda 2 captura algo real: el sistema laboral se volvió más precario, más absurdo y más hipócrita. Pero la película no sabe qué hacer con esa conciencia.
La original era una fantasía de superación con un final amargo pero honesto. Esta secuela es una fantasía de confort: te da lo que querés ver (reencuentros, outfits fabulosos, frases ingeniosas) y te pide que no pienses demasiado en las contradicciones.
Mirala si:
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Extrañás el mundo de Runway y necesitás un abrazo nostalgico cinéfilo.
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Alguna vez fantaseaste con el karma y ver a Miranda Priestly usando Uber.
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Eres fan de Emily Blunt merece un spin-off propio.
No la veas si:
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Esperás una sátira punzante como la primera. Acá todo es más… suave.
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Te molesta que una película critique el capitalismo y sea políticamente correcto
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El final feliz atado con moño te parece una traición al espíritu original.
Ver a Meryl Streep arquear una ceja mientras vuela en clase económica… eso, al menos, es justicia poética.
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